Coaching con sentido

" La única forma de evolucionar es estar constantemente
 aprendiendo y experimentando cosas nuevas"
- CÓMO PENSAMOS
- TU CEREBRO DICTAMINA QUIEN ERES
- LA DESMITIFICACION DEL ADN
nuevos temas por venir.........


SERES HUMANOS EN LOS NEGOCIOS , COMO PENSAMOS


    Tener los mismos pensamientos de siempre nos lleva a tomar las mismas decisiones. Tomar las mismas decisiones nos lleva a manifestar la misma conducta. Manifestar la misma conducta nos lleva a crear las mismas experiencias. Crear las mismas experiencias nos lleva a tener las mismas emociones. Y tener las mismas emociones nos conduce a los mismos pensamientos.

    Los humanos somos seres de costumbres. Tenemos de 60.000 a 70.000 pensamientos diarios, y el 90 por ciento de ellos son exactamente los mismos que los del día anterior. Nos levantamos por el mismo lado de la cama, seguimos la misma rutina en el baño, nos peinamos de la misma forma, nos sentamos en la misma silla para desayunar, sostenemos la taza con la misma mano, vamos en coche por la misma ruta al mismo trabajo de siempre, y hacemos las mismas cosas que sabemos hacer tan bien con las mismas personas (que nos alteran emocionalmente del mismo modo) cada día. Y luego nos apresuramos a volver a casa para apresurarnos a leer el correo electrónico, para apresurarnos a cenar, para apresurarnos a ver nuestro programa favorito en la tele, para apresurarnos a cepillarnos los dientes de la misma manera que siempre, para apresurarnos a ir a acostarnos, para apresurarnos a levantarnos a la mañana siguiente y volver a hacer lo mismo.     
            
    Creas la misma actividad cerebral, lo cual activa los mismos circuitos cerebrales y reproduce la misma química cerebral, y esto afecta la química de tu cuerpo de la misma manera de siempre. Y la misma química envía las mismas señales a los mismos genes. Y la misma expresión genética crea las mismas proteínas, los componentes básicos de las células, con lo que el cuerpo sigue siendo el mismo de siempre. Y como la expresión de las proteínas es la expresión de la vida o de la salud, tu vida y tu salud siguen siendo las mismas de siempre.

Si esta es tu personalidad, entonces tu personalidad crea tu realidad personal. Es así de sencillo. Y tu personalidad está hecha de cómo piensas, actúas y sientes.
  


TU CEREBRO DICTAMINA QUIEN ERES Y COMO ES TU EMPRESA


     Tu cerebro, que se compone en un 75 por ciento de agua como mínimo y tiene la consistencia de un huevo pasado por agua, está formado por unos cien mil millones de células nerviosas, llamadas neuronas, dispuestas a la perfección en el ambiente acuoso en el que flotan. Cada célula nerviosa se parece a un roble elástico, aunque sin hojas, con ramas serpenteantes y sistemas radiculares que se conectan y desconectan a otras células nerviosas. Una célula nerviosa en particular puede tener desde 1.000 conexiones hasta más de 100.000, depende de dónde resida en el cerebro.  

     Por ejemplo, la neocorteza —tu cerebro pensante— tiene de 10.000 a 40.000 conexiones por neurona. Se solía ver el cerebro como un ordenador y aunque se le parezca en ciertos aspectos, hoy día se sabe que no es exactamente así, ya que cada neurona es una biocomputadora en sí misma, con más de 60 megabytes de memoria RAM, capaz de procesar enormes cantidades de información, ejecutando incluso miles de funciones por segundo.  A medida que aprendes cosas nuevas y tienes nuevas experiencias en la vida , tus neuronas crean conexiones nuevas, intercambiándose información electroquímica unas con otras.  

     Estas conexiones se llaman conexiones sinápticas, porque el lugar donde las células intercambian la información —el espacio entre la rama de una neurona y la raíz de otra— se denomina sinapsis. Si el aprendizaje crea nuevas conexiones sinápticas, en tal caso recordar es mantener estas conexiones. Un recuerdo es por tanto una relación o conexión a largo plazo entre las células nerviosas. Y la creación de estas conexiones y las formas en que cambian a lo largo del tiempo alteran la estructura física de tu cerebro. A medida que el cerebro hace estos cambios, tus pensamientos producen una mezcla de distintas sustancias químicas llamadas neurotransmisores (como, por ejemplo, la serotonina, la dopamina y la acetilcolina entre otras). Cuando tienes un pensamiento, los neurotransmisores de la rama de una neurona-árbol cruzan el espacio sináptico para llegar a la raíz de otra neurona-árbol. En cuanto cruzan este espacio, la neurona descarga información en forma de impulsos eléctricos. Cuando sigues teniendo los mismos pensamientos de siempre, la neurona sigue activándose de las mismas formas, con lo que se fortalece la relación entre las dos células nerviosas para que, la siguientes veces que se activen, transmitan la señal con más rapidez. Por eso el cerebro revela la evidencia física de no solo haber aprendido algo, sino también de recordarlo. Este proceso de reforzamiento selectivo se llama potenciación sináptica. Cuando las marañas de neuronas se activan al unísono para apoyar un nuevo pensamiento, en la célula nerviosa se crea una sustancia química adicional (una proteína) que penetra al centro de la misma o núcleo, donde se integrará al ADN. La proteína cambia entonces varios genes. Como la labor de los genes es crear proteínas que mantengan tanto la estructura como la función del cuerpo, la célula nerviosa produce rápidamente una nueva proteína para crear nuevas ramas entre las células nerviosas. Cuando repites un pensamiento o una experiencia las suficientes veces, además de reforzarse las conexiones entre tus células nerviosas (afectando tus funciones fisiológicas), aumenta la cantidad de conexiones (afectando la estructura física del cuerpo). El cerebro se enriquece mas a nivel microscópico. En cuanto tienes un nuevo pensamiento, cambias por tanto a nivel neurológico, químico y genético. De hecho, al aprender, pensar y experimentar cosas nuevas, creas miles de nuevas conexiones en cuestión de segundos. Así que en este mismo instante puedes activar nuevos genes simplemente por medio del pensamiento. Ocurre al cambiar tu mente, es el poder de la mente sobre la materia.  

     Eric Kandel, galardonado con un Nobel de Medicina, demostró que cuando se crean nuevos recuerdos, la cantidad de conexiones sinápticas de las neuronas sensoriales estimuladas se dobla a 2.600. Pero a no ser que la experiencia original de aprendizaje se repita una y otra vez, la cantidad de conexiones nuevas se vuelven a reducir a las 1.300 del principio en tan solo tres semanas. Si repetimos lo que hemos aprendido las suficientes veces, estaremos reforzando comunidades de neuronas que nos ayudarán a recordarlo la próxima vez. Ya que, de lo contrario, las conexiones sinápticas desaparecerán al cabo de poco y el recuerdo se borrará de la mente. Por eso es importante actualizar, repasar y recordar continuamente tus nuevos pensamientos, decisiones, conductas, hábitos, creencias y experiencias si quieres consolidarlos en tu cerebro.

     Para que te hagas una idea de lo inmenso que es este sistema, imagínate una célula nerviosa conectando con otras 40.000 más. Pongamos que procesa 100.000 bits de información por segundo y que la comparte con otras neuronas que también están procesando 100.000 funciones por segundo. Esta red, integrada por grupos de neuronas que actúan juntas, se llama red neuronal. Las redes neuronales forman comunidades de conexiones sinápticas. También se pueden llamar neurocircuitos. A medida que las células nerviosas de la materia gris de tu cerebro cambian físicamente y que las neuronas se seleccionan y organizan en estas redes inmensas que procesan cientos de millones de bits de información, el hardware físico del cerebro también cambia, adaptándose a la información recibida del entorno. Y con el paso del tiempo, a medida que las redes neuronales se activan una y otra vez, agrupando y dispersando la actividad eléctrica como las densas nubes de una imponente tormenta eléctrica, el cerebro sigue usando los mismos sistemas de hardware (las redes neuronales físicas), pero también creará un programa de software (una red neuronal automática). Así es como se instalan los programas en el cerebro. El hardware crea el software, y el sistema de software está grabado en el hardware, y cada vez que usas el software, refuerzas el hardware.

     Cuando tienes los mismos pensamientos y sentimientos de siempre porque no estás aprendiendo ni haciendo nada nuevo, el cerebro activa las neuronas y las redes neuronales exactamente con las mismas secuencias, estructuras y combinaciones. Se convierten en programas automáticos que usas sin darte cuenta a diario. Tienes una red automática neuronal para hablar una lengua, afeitarte o maquillarte, teclear en el ordenador, juzgar a tu compañero de trabajo, etcétera, porque has realizado estas acciones tantas veces que prácticamente se han vuelto inconscientes. Ya no tienes que pensar en ellas. Te salen de manera natural. Has reforzado estos circuitos tan a menudo que se han grabado en el hardware de tu cerebro. Las conexiones entre las neuronas se han reforzado, se han formado nuevos circuitos y las ramas se han alargado y engrosado físicamente, como si hubieras fortalecido y reforzado un puente, creado varias carreteras nuevas, o ensanchado una autopista para dar cabida a más tráfico. Uno de los principios básicos de la neurociencia afirma: «Las células nerviosas que se activan juntas, se conectan juntas».
 
     A medida que tu cerebro se activa una y otra vez de la misma forma, estás reproduciendo el mismo nivel de mente. Según la neurociencia, mente es el cerebro en acción o en funcionamiento. Por tanto, si te estás recordando a diario quién crees ser al reproducir la misma mente de siempre, estás activando tu cerebro de la misma forma, y seguirás activando las mismas redes neuronales durante años y años. Y a los treinta y tantos tu cerebro ya se habrá organizado en una impronta muy limitada de programas automáticos, y estas estructuras fijas se denominan tu identidad.  

     Considéralo como una caja en el interior de tu cerebro. Por supuesto, no se trata de una caja real. Pero pensar de la misma forma que siempre significa que en tu cerebro has creado físicamente una estructura limitada. Al decidir reproducir el mismo nivel de mente una y otra vez, la serie de circuitos que más se activan neurológicamente han predeterminado quién eres.

     Cuando aprendes cosas nuevas y empiezas a pensar de nuevas formas, haces que en tu cerebro se activen distintas secuencias, estructuras y combinaciones. Es decir, estás activando una gran cantidad de diversas redes neuronales de distintas formas. Y siempre que haces que tu cerebro funcione de distinta manera, estás cambiando tu mente. Y a medida que empiezas a pensar de distinto modo, los nuevos pensamientos te llevan a tomar nuevas decisiones y a tener nuevas conductas, experiencias y emociones. Y entonces tu identidad también cambia.

Como los sentimientos son el modus operandi del cuerpo, las emociones que estás sintiendo continuamente basadas en tus pensamientos automáticos acaban haciendo que el cuerpo memorice esas emociones que son como un programa inconsciente de la mente y el cerebro. Ello significa que la mente consciente no es la que está al mando. Subconscientemente has programado y condicionado al cuerpo, de una forma muy real, a convertirse en mente. Al final, cuando este bucle de pensar y sentir y de sentir y pensar se ha estado dando el suficiente tiempo, nuestro cuerpo acaba memorizando las emociones que el cerebro le ha señalado que sienta. El ciclo se ha instalado y se ha arraigado tanto que crea un estado del ser conocido basado en una información antigua que no cesa de reciclarse. Esas emociones, que no son mas que registros químicos de experiencias pasadas, son las que motivan nuestros pensamientos y las que surgen una y otra vez.

Mientras sigan apareciendo, estaremos viviendo en el pasado. ¡Por eso no es de extrañar que nos cueste tanto cambiar nuestro futuro! Cuando las neuronas se activan siempre del mismo modo acaban desencadenando la liberación de los mismos neurotransmisores y neuropéptidos en el cerebro y el cuerpo, y entonces esas mismas sustancias químicas hacen que el cuerpo recuerde aquellas emociones al alterarlo físicamente de nuevo. Las células y los tejidos reciben esas señales químicas tan específicas en unos sitios receptores en concreto. Los sitios receptores son como estaciones de acoplamiento para los mensajeros químicos. Los mensajeros encajan perfectamente en el lugar, a modo de un rompecabezas infantil en el cual varias formas, como un círculo, un triángulo o un cuadrado, encajan en sus respectivos huecos. Es como si esos mensajeros químicos, que son realmente moléculas de emoción, llevaran unos códigos de barras que les permitieran leer a los receptores de las células la energía electromagnética que acarrean. Cuando se da la unión perfecta, el sitio receptor se prepara. El mensajero se acopla, la célula recibe el mensaje químico que acarrea y luego crea o altera una proteína. La nueva proteína activa el ADN de la célula en el núcleo. A continuación el ADN se abre y despliega, el gen es leído para recibir ese mensaje correspondiente procedente del exterior exterior de la célula, y esta crea una nueva proteína a partir del ADN (por ejemplo, una hormona en particular) y la libera en el cuerpo. Ahora la mente está entrenando al cuerpo. Si este proceso se sigue dando durante años y años porque las mismas señales del exterior de la célula vienen del mismo nivel mental del cerebro (por estar pensando, haciendo y sintiendo lo mismo a diario), es lógico que se activen los mismos genes de las mismas formas, porque el cuerpo está recibiendo la misma información del entorno. No surgen pensamientos nuevos, ni se toman decisiones nuevas, ni se manifiestan conductas nuevas, ni se viven experiencias nuevas, ni tampoco se crean sentimientos nuevos. Cuando la misma información del cerebro de siempre activa los mismos genes, esos genes son seleccionados una y otra vez y, al igual que las marchas de un coche, se empiezan a desgastar. Y entonces el cuerpo produce proteínas con estructuras mas débiles y funciones menos eficaces. Enfermamos y envejecemos. Y con el paso del tiempo acaba ocurriendo una de las dos siguientes situaciones. La inteligencia de la membrana celular, que sigue recibiendo a diario la misma información de siempre, se adapta a las necesidades y demandas del cuerpo modificando sus sitios receptores para poder contener una mayor cantidad de esas sustancias químicas. Básicamente crea más estaciones de acoplamiento para satisfacer la demanda, al igual que en los supermercados se abren cajas adicionales cuando las colas se hacen demasiado largas. Si el negocio va viento en popa (si no cesan de llegar las mismas sustancias químicas de siempre), tendrás que contratar a más empleados para tener más cajas funcionando. Ahora el cuerpo es tan poderoso como la mente. En la otra situación, la célula está demasiado agobiada por el continuo bombardeo de sentimientos y emociones como para dejar que se acoplen todos los mensajeros químicos. Como las mismas sustancias químicas de siempre se quedan rondando ante las puertas de la estación de acoplamiento todo el tiempo, las células se acaban acostumbrando a la presencia de esas sustancias químicas. De modo que solo abren sus puertas cuando el cerebro produce un montón de emociones más fuertes. En cuanto aumenta la intensidad de la emoción, la célula recibe el estímulo suficiente como para abrir las puertas de la estación de acoplamiento y entonces se activa.

Cuando los sentimientos se han convertido en los vehículos para pensar de esta forma —o no podemos pensar más allá de lo que sentimos—, significa que estamos funcionando con el programa automático. Nuestros pensamientos son lo que sentimos y nuestros sentimientos son lo que pensamos. Lo que experimentamos es como una fusión de nuestros pensamientos y sentimientos: estamos sintiepensando y pensasintiendo. Como nos hemos quedado atrapados en este bucle, nuestro cuerpo, como mente inconsciente, cree estar viviendo la misma experiencia del pasado las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, los trescientos sesenta y cinco días del año. El cuerpo y la mente se vuelven uno, alineándose a un destino predeterminado por nuestros programas inconscientes. Por eso para poder cambiar es necesario ir más allá del cuerpo y de sus recuerdos emocionales, sus adicciones y sus habituaciones inconscientes, es decir, para que el cuerpo no siga actuando como si fuera la mente. La repetición del ciclo de pensar y sentir, y luego de sentir y pensar, es el proceso de condicionamiento del cuerpo creado por la mente consciente. En cuanto el cuerpo se convierte en mente, eso se denomina un «hábito»: un hábito es cuando tu cuerpo es la mente.
    
     El 95 por ciento de quien eres al cumplir los 35 años es una serie de conductas, habilidades, reacciones emocionales, creencias, percepciones y actitudes memorizadas que funcionan como el programa automático y subconsciente de un ordenador. El 95 por ciento de quien eres es por tanto un estado del ser subconsciente o incluso inconsciente. Y esto significa que el 5 por ciento de tu mente consciente actúa en contra del 95 por ciento de lo que has memorizado subconscientemente. Por más pensamientos positivos que intentes tener, ese 5 por ciento de tu mente consciente se sentirá como si nadara a contracorriente del otro 95 por ciento restante, la química inconsciente de tu cuerpo que ha estado recordando y memorizando cualquier negatividad que hayas albergado durante los 35 años de tu vida. La mente y el cuerpo actuando de forma opuesta consiste en esto. ¡No es de extrañar que no llegues demasiado lejos al intentar luchar contra esta corriente!
LA DESMISTIFICACIÓN DEL ADN, SI LO LEES PODRAS CAMBIAR TU NEGOCIO

    Imagínate una escalera o una cremallera en forma de espiral y te harás una buena idea del aspecto del ácido desoxirribonucleico (conocido más popularmente como ADN). Almacenado en el núcleo de cada célula viva de nuestro cuerpo, el ADN contiene la información en bruto, o las instrucciones, que nos hacen ser quienes somos y lo que somos. Cada mitad de esa cremallera del ADN contiene los correspondientes ácidos nucleicos que, juntos, se llaman pares de bases, cada célula está formada por unos tres mil millones de ellos. Los grupos de largas secuencias de estos ácidos nucleicos se llaman genes. Los genes son pequeñas estructuras únicas. Si sacaras el ADN del núcleo de una célula de tu cuerpo y lo extendieras de punta a punta, mediría casi 2 metros de largo. Y si sacaras todo el ADN de tu cuerpo y lo extendieras de un extremo a otro, equivaldría a la distancia que una nave espacial recorrería si fuera hasta el sol y volviera de él ciento cincuenta veces.
    Pero si tomaras todo el ADN de casi los siete mil millones de personas del planeta y lo apretujaras, cabría en un espacio tan pequeño como el de un grano de arroz. Nuestro ADN usa las instrucciones impresas en sus secuencias individuales para producir proteínas.     
    La palabra proteína viene de protas, que en griego significa «de fundamental importancia». Las proteínas son las materias primas usadas por el cuerpo para construir no solo estructuras tridimensionales coherentes (nuestra anatomía física), sino también realizar las complicadas funciones y complejas interacciones de nuestra fisiología. Nuestro cuerpo es en realidad una máquina productora de proteínas. Las células musculares elaboran actina y miosina; las de la piel, colágeno y elastina; las del sistema inmunitario, anticuerpos; las de la tiroides, tiroxina; algunas de las oculares, queratina; las de la médula ósea, hemoglobina; y las pancreáticas, enzimas como las proteasas, las lipasas y las amilasas.

     Todos los elementos producidos por estas células son proteínas. Las proteínas controlan el sistema inmunitario, digieren la comida, curan las heridas, catalizan las reacciones químicas, mantienen la integridad estructural del cuerpo, producen moléculas elegantes para que las células se comuniquen entre ellas y hacen muchas otras cosas más. En resumen, las proteínas son la expresión de la vida (y de la salud de nuestro cuerpo).

     Nuestra forma de ver los genes cambió enormemente cuando los científicos descifraron por fin el genoma humano. En 1990, al comienzo del proyecto, los investigadores esperaban acabar descubriendo que tenemos 140.000 genes distintos. Creían que equivaldrían a esta cantidad porque los genes fabrican proteínas (y supervisan su producción), y el cuerpo humano produce 100.000 proteínas distintas, y además se necesitan 40.000 proteínas reguladoras para fabricar otras proteínas. De modo que los científicos que intentaban descifrar el genoma humano previeron encontrar un gen por proteína, pero al finalizar el proyecto en el 2003 se quedaron asombrados al descubrir que en realidad los seres humanos solo tenemos 23.688 genes. Desde la perspectiva del dogma fundamental de Watson, esta cantidad de genes no basta para crear nuestro complejo cuerpo, ni para mantenerlo, o ni siquiera para hacer que el cerebro siga funcionando. Si no se encuentra en los genes, ¿de dónde viene toda la información necesaria para crear tantas proteínas y para mantenernos con vida?

     Los científicos ahora creen que es incluso posible que nuestra expresión genética fluctúe a cada momento. Las investigaciones están revelando que nuestros pensamientos y sentimientos, y también nuestras actividades —es decir, nuestras decisiones, conductas y experiencias—, producen unos profundos efectos curativos y regenerativos en nuestro cuerpo, como descubrieron los participantes del estudio del monasterio. Tus genes son por tanto influidos por tus interacciones con la familia, los amigos y los compañeros de trabajo, por tus prácticas espirituales, y también por tus hábitos sexuales, la cantidad de ejercicio que haces y la clase de detergentes que usas. La última investigación realizada demuestra que cerca del 90 por ciento de genes participan en colaboración con las señales procedentes del ambiente. Y si nuestras experiencias son las que activan una buena cantidad de genes, en este caso un ambiente propicio influye en nuestra naturaleza. ¿Por qué no utilizar entonces el poder de esas ideas para hacer todo lo posible para maximizar nuestra salud y minimizar nuestra dependencia al recetario?

     «Nuestros estados mentales subjetivos, nuestro comportamiento motivado conscientemente y nuestra percepción del libre albedrío pueden modular la expresión genética para optimizar la salud».

 Las personas pueden alterar sus genes en su propia generación, según las últimas ideas científicas. Si bien el proceso de la evolución genética lleva miles de años, al cambiar de conducta o vivir una experiencia novedosa puedes alterar la expresión de un gen en cuestión de minutos y transmitirla a la siguiente generación. En lugar de ver los genes como tablillas de piedra en las que se ha esculpido nuestro destino, es mejor considerarlos como depósitos que contienen una cantidad inmensa de información codificada o incluso como bibliotecas enormes llenas de posibilidades para la expresión de proteínas. Pero no podemos recuperar la información almacenada para usarla como lo haría una compañía que pidiera un artículo de su almacén. Más bien es como si no supiéramos qué hay en el almacén o cómo acceder a él, por eso usamos una parte muy pequeña de lo que disponemos. 

De hecho, solo expresamos un 1,5 por ciento de nuestro ADN, el 98,5 restante permanece latente en el cuerpo. (Los científicos lo llaman «ADN basura», pero en realidad no es basura, lo que pasa es que aún desconocen  cómo se utiliza todo este material, aunque al menos saben que una parte de él es el que se ocupa de crear las proteínas reguladoras.) «En realidad los genes contribuyen a dar forma a nuestras características, pero no las determinan —escribe Dawson Church en su libro El genio en sus genes. Las herramientas de nuestra conciencia (nuestras creencias, oraciones, pensamientos, intenciones y la fe) suelen tener una correlación más potente con nuestra salud, longevidad y felicidad que los genes. Al igual que nuestro cuerpo no es solo un saco de carne y huesos, nuestros genes tampoco son simplemente información almacenada.  

     La señal, como sabemos, puede provenir de pensamientos, decisiones, conductas, experiencias y sentimientos. Así que es lógico que si logras cambiar estos elementos, puedas influir también en tu expresión genética.

     Epigenética: La palabra epigenética significa literalmente «por encima del gen». Se refiere a controlar los genes no desde el interior del ADN, sino desde los mensajes procedentes del exterior de la célula, es decir, del entorno.

     La epigenética nos enseña que nuestro destino no depende de nuestros genes y que un cambio en la conciencia humana puede producir cambios físicos en el cuerpo, tanto en la estructura como en las funciones. Es posible modificar nuestro destino genético activando los genes que queremos y desactivando los que no queremos al trabajar con los distintos factores del entorno que los programa. Algunas de estas señales vienen del interior del cuerpo, como los sentimientos y los pensamientos, y otras de las respuestas del cuerpo al entorno exterior, como la contaminación y la luz solar. La epigenética estudia todas estas señales externas que le dicen a la célula lo que debe hacer y cuándo ha de hacerlo, analizando tanto las causas que activan, o ponen en marcha, la expresión genética (reactivación) y las que la inhiben o desactivan (resilenciamiento), y también la dinámica energética que regula el proceso de la función celular a cada momento. La epigenética sugiere que aunque nuestro código del ADN nunca cambie, son posibles miles de combinaciones, secuencias y estructuras en un solo gen (al igual que son posibles miles de combinaciones, secuencias y estructuras de redes neuronales en el cerebro).